martes, 23 de junio de 2009

Justo a tiempo...



Dedicado a esa facción de la Iglesia
que entiende la religión solamente
como un templo edilicio y moral.


Hoy la iglesia se retractó...
-¡Claro! Es verdad que la Tierra gira alrededor del Sol- dijeron.
-Sí, debemos pedirle perdón a Galileo por tanto juicio y persecución de la Inquisición. Y pensar que se salvó por un pelito de la pena capital, debemos pedirle perdón- dijeron todos, de forma unánime y seguros, ahora sí, de su equivocación. Alborotados y alegres.
-¡Llamen a Galileo, tráiganlo!-dijo uno.
-Lo lamento señor, temo comunicarle que murió- dijo uno desde el fondo tímidamente.
-Ah.. qué pena. ¿Hace mucho?- extrañado.
-Unos cuatrocientos años exactamente, señor.
-Bueno... entonces pongámosle una estatua en los jardines, Dios sabrá entender que en estas cosas más vale estar seguros que cometer un error.


Mi viejo decía que el tiempo que se tarda en reconocer un error es una medida de soberbia. Quizás llegando el 2409 puedan entendernos. Hasta la fecha... juzgarán.

lunes, 22 de junio de 2009

Aferrarse al pasamanos...


Mi abuela tiene 70 años. También tiene celular, novio y entradas semanales al boliche de la tercera edad. No sabe usar internet pero ya no se asombra con él, nos acompaña en la charla y da su voz cuando ella tiene relevancia.
Me imaginé que a más de la mitad de mi vida me cambiaba de país. Solo. Y otra vez, yo que había logrado manejar absolutamente todo, tener que volver a aprenderlo. Usos, costumbres y cosas del buen o mal gusto... y la admiré.
Admiré a la vieja por esa capacidad que tiene de hacer propio este mundo ajeno. Un mundo dominado por la efervecencia y no, por la plenitud.
Ahora, en este mismo momento, ella se está acostando. Ha tomado sin embargo su "pastillita" para dormir: nosotros apagamos todas las luces pero le parece que queda prendida una, al fondo, muy al fondo que no quiere apagarse.

viernes, 19 de junio de 2009

¿Segunda polaroid?


Otra escena. La noche es el tiempo y una vereda cualquiera, el espacio. Para darle vida decimos que esta vereda costea la calle 9 de julio y, para ser precisos como nos gusta a todos, son las 22:35 pm. Hace frío. También adentro del Fiat 600.
Afuera. Todos llevan abrigo. Una mujer de bufanda pasea a otra pequeñita, parece que la ha sacado a caminar, un paseo algo crudo. La lleva con mucha delicadeza y la guía por las partes de la vereda que no están rotas. ¡Qué preciosismo cargan esas manos con aquella vida! Madre, mujer, madre. Podría ser padre también, pero acá caminan una madre y una hija.
Ella ha detenido su paso en medio de la vereda para tomarla del brazo "No vaya a ser que se resbale, o... no vaya a ser que se golpee, no vaya el mundo a dañarla, no vaya... no vaya a...".
Yo paso en el Fiat 600 por detrás:
...y observo cómo la cuida del mundo esa hija a esa madre que en su joroba aloja el llamado del tiempo.

Pintura: Diego Rotalde http://diegorotalde.net/vitae/

jueves, 18 de junio de 2009

Los niños sonríen



La plataforma 57, en la terminal de colectivos de la ciudad de Mendoza, se llena de gente a eso de las 18:35. Todos vuelven.
Una larga fila espera desde hace 2o minutos en silencio en medio de esa lluvia grave que es el omnipresente ruido. Pablito y sus papás están primeros en la fila. Pablito y el hermano lloran a gritos, tan persistentes como la gota que orada la roca pero ellos, los oídos. La gente se contiene.
Derrepente los dos callan al mismo tiempo y en el silencio queda vibrando el llanto. Los dos:
-¡Mirá papá!- señalan los hermanitos, y toda la fila voltea para ver presos del asombro infantil- ¡Un avión papá, un avión!
Los 20 en hilera voltean nuevamente hacia la nuca del que sigue, se sienten embaucados: "Nada nuevo, el colectivo que se retrasa, la gente que te choca, los pendejos que lloran y daría cualquier cosa por estar en casa mirando la televisión".
Los niños sonríen.

martes, 16 de junio de 2009

¿Detrás del silencio?

Enfermo. 72 horas de reposo. Gripe. 72 horas en busca de distracción. No sabemos convivirnos. Me miré al espejo y no encontré al estudiante de letras, encontré un despojo de hombre con nariz roja. Cuando Internet, por inmediato e inabarcable, me aburrió me di cuenta que ese era yo: uno en busca de distracción ¿Qué queda para nosotros? ¿Qué queda DE nosotros cuando no somos para los demás?

¿La verdad de que somos chiquitos?

¿El susto de que todo sea un sueño?

domingo, 14 de junio de 2009

¿Título?

Una mujer escribe en mi computadora, me da la espalda. Es ella y sus palabras. Yo en este momento soy las mías. La miro desde atrás y escribo, la espío de forma pública. Si pudiera compartirle mi pobreza de palabras, mis adjetivos de cartón; si ella supiera que ando mojado y en invierno cuando le ato chapas con alambre a esta casucha de cristal, y sólo para decirle que la amo sin decirlo o soñar simplemente que le digo más.

martes, 24 de marzo de 2009

El sexo y el tiempo (?)








...Palabras que naufragan

palabras que no conocen el sol

porque nacen y mueren la misma noche en que amó

y dejan cartas en el pensamiento que nunca escribirá...

Juan Gelman (Lluvia)


No hay nada más parecido a lo eterno que lo repetitivo (¿será esta la palabra?), por eso quizás Bioy hizo su acercamiento a lo atemporal a través de la máquina cíclica que proyecta una y otra vez a los personajes de la Invención de Morel o por eso, Borges (intentaba no caer en su cita) dijo que lo más eterno que había experimentado fue el regreso a la casa de su infancia.

De improvisto me encontró una verdad, clara y contundente, cuánto de humano y de eterno tiene el encuentro de los dos sexos; nada mas lejos de la novedad ni tan cerca de lo viejo. Entendí por qué un hombre rehace el mundo y me encontré en el origen mismo de la vida, en el latido profundo de los tiempos. En una cama uno dubita entre regreso o elevación; el cuerpo teme y ama a la muerte como nosotros anhelamos suprimir el tiempo, el instante, la petit morte (pequeña muerte) como le llaman los franceses al orgasmo. Pensé en ese momento que la humanidad se reinventa en cada cama, el mismo sabor de descubrimiento colosal que pudo haber sentido cualquier hombre en cualquier tiempo, un egipcio peon en el siglo V antes de Cristo, una lavandera en la Italia del XVIII, un anarquista en la España del XX, Pedro hijo de Isaías en la Jerusalén de Cristo, la humanidad puertas adentro (o afuera, los gustos ya no se cuestionan).

Heminguay en Por quién doblan las campanas hace lo que podría ser una perfecta descripción del primer encuentro amoroso pero la dicha no dura lo que el recuerdo en la memoria y, por esa razón, el segundo encuentro ya no es lo mismo, una amarga impotencia del pretérito.

¿la constante cuota de nostalgia?¿el vértigo de vivir cayendo?¿el anhelo del regreso a la dualidad, al origen, al vientre materno donde no hay necesidad ni relojes ni frio ni deseo? Cuestiones sublimemente humanas...


(Fotografía: Florencia Lucca)